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La estética dental como un camino hacia su verdadero yo

El tercio inferior del rostro es la zona más trascendental para el ser humano en cuanto a socialización se refiere.

En esa área se ubican los labios y los dientes, herramientas preciosas que forman parte de todo un sistema para hablar, pero también para producir una sonrisa, una de las formas más expresivas de comunicación no verbal que transmite una serie de emociones que pueden ir desde el nerviosismo, pasar por la alegría hasta llegar al éxtasis de la felicidad.

El rostro es un marco dinámico cuyos músculos hacen que cambie permanentemente al comer, hablar, cantar o gesticular. En ese marco cambiante, los dientes tienen una exposición diferente cada vez. Otro elemento importante es la posición natural de la cabeza.

Cuando se trata de una gran sonrisa, los músculos de la cara se levantan, la boca se abre y los labios suben, exponiendo al máximo los dientes. La cabeza se tira un poco hacia atrás, mientras los músculos orbiculares se contraen. Si los dientes son armoniosos, parejos, blancos y completos no hay duda que se producirá un estallido de alegría.

Sin embargo, si una persona es consciente de que su sonrisa es imperfecta o estéticamente inaceptable según los altos parámetros que la sociedad impone actualmente, ese gran  marco dinámico que es el rostro modificará su respuesta mediante mecanismos psicológicos, tensando los músculos, apretando los labios e, inclusive, aparecerán gestos secundarios como ocultar la boca con las manos, bajar la cabeza u otros.

Ello, a la larga, puede modificar también el ánimo de una persona, por naturaleza jovial y sonriente para convertirla por la costumbre en alguien serio, tenso y duro.

Es en ese contexto que ubicamos la estética dental como un camino hacia la restauración del ser humano que, ya sea por falla de la naturaleza o mal cuidado de su salud oral, se ve privado de un arma poderosa para triunfar en este mundo obsesionado por la perfección. Pero esa perfección no radica sino en el arte de imitar lo natural inclusive dentro de sus propias imperfecciones.

En otras palabras, no producir dentaduras en serie que parecen salidas de un molde universal, sino la pieza perfecta que se ubicará dentro de una boca en particular, la que a su vez
se ubica dentro del rostro de una persona única e irrepetible.

Para lograr esa naturalidad se requieren además del arte, la técnica y los materiales una fase previa de interacción con el paciente en una atmósfera profesional tranquila para observar de forma directa y natural cuál es la posición de la cabeza, cómo mueve los labios al hablar, cómo sonríe, si los labios se mueven de forma consistente en un plano horizontal paralelo a la línea interpupilar, cuál es la tonicidad de los labios, etc.

Nuestra aproximación a la estética y cosmética dental es integral no sólo porque cuida todos los detalles antes descritos, sino esencialmente porque nos preocupamos de la belleza de
los dientes no por la belleza en si misma, sino porque ésta es un camino más para mostrar al mundo la belleza interior de nuestros pacientes, la que podría morir si se ve impedida de salir por la gran traba que representa tener dientes incompletos, oscuros, manchados, torcidos o con otras imperfecciones.

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